
En Santa Clarita, a las afueras de Los Ángeles, hay unos edificios que guardan una parte del siglo XX en forma de película: millones de metros de película. Cajas y más cajas en las que han quedado atrapados desfiles, partidos de fútbol, guerras, artistas, músicos, manifestaciones y escenas de la vida cotidiana. Imágenes que durante décadas permanecieron lejos de la mirada pública y que ahora recuperan movimiento.
Desde allí, desde The Packard Humanities Institute Stoa, Silvia Ribelles y Javier Martínez conversaron sobre ese enorme archivo durante el encuentro celebrado por Zigia28 el pasado 15 de octubre. Silvia, investigadora de The Packard Humanities Institute; Javier, director de Zigia28. El objetivo de la conversación era presentar Newsreels.net, el proyecto que el instituto desarrolla junto a UCLA Film & Television Archive para preservar, digitalizar y hacer accesible la Hearst Metrotone News Collection.
Al principio hubo algún problema con el sonido, pero en seguida las películas comenzaron a fluir. Silvia mostró los edificios donde se conserva parte de este patrimonio y explicó el proceso de recuperación y digitalización. Y de pronto, en la pantalla, apareció Alfonso XIII. Segundos después, desfiles frente al Palacio Nacional. La reina Sofía de niña, junto a su hermano Constantino y otros miembros de la familia real. El salto siguiente podía ser de décadas y de miles de kilómetros. Un partido del Real Madrid. Fútbol femenino en Manchester. Picasso. Dalí. Los Beatles entrando en una rueda de prensa. Las hermanas Hurtado.
Los Sanfermines de 1933. Hemingway. La Feria de Abril de 1977.
No había una cronología perfecta. Y quizá ahí estaba parte de su encanto. Los noticiarios no cuentan el siglo XX como lo haría un libro de historia, lo muestran a retazos: junto a los grandes acontecimientos aparecen detalles que nadie se propuso conservar como Historia y que, sin embargo, hoy tienen un enorme valor.
La colección reúne más de 27 millones de pies de película. Una cifra difícil de imaginar hasta que las imágenes empiezan a aparecer una detrás de otra. Churchill, Stalin y Roosevelt. La entrada de las tropas soviéticas en Berlín. Churchill después del final de la guerra. La bomba atómica. Fidel Castro llegando al poder en 1959 y, más tarde, en Nueva York. Nixon.
También aparecen escenas deportivas: boxeo, fútbol americano, surf, un campeonato en Biarritz. Y el movimiento por los derechos civiles, con imágenes del discurso de Martin Luther King. El siglo XX aparece así no como una sucesión de fechas, sino como un mundo en movimiento.
Eso es precisamente lo que hace tan importante el trabajo de digitalización. No se trata solamente de evitar que las películas se deterioren o desaparezcan. Se trata de conseguir que puedan volver a ser vistas. Que un profesor pueda utilizarlas, que un investigador pueda consultarlas y que cualquier persona pueda descubrir en ellas algo que ni siquiera sabía que existía.
Durante la conversación apareció también otra dimensión del archivo: la memoria personal.
En el turno de preguntas, Javier explicó cómo una imagen puede dejar de ser un documento histórico para convertirse en un recuerdo propio. Entre las películas pueden aparecer edificios, escaleras, calles o establecimientos reconocibles. En su caso, pudo identificar espacios relacionados con el bar de su padre y vincularlos con recuerdos que su madre había dejado escritos en su libro.
Es un detalle pequeño frente a los millones de metros que forman la colección, pero quizá resume mejor que ninguna cifra lo que significa recuperar estas imágenes. La gran Historia —la de Churchill, los Beatles, Picasso o Martin Luther King— convive con historias familiares que, de otro modo, podrían desaparecer.
Las preguntas del público giraron también en torno al acceso a los documentos y a los derechos sobre las películas. Alguien preguntó si existía material relacionado con la Guerra de Cuba. La respuesta fue que no, aunque lo cierto es que Hearst estuvo implicado en aquel contexto histórico.
El recorrido terminó en la mansión Hearst de California, construida por William Randolph Hearst y llena de obras y referencias artísticas adquiridas en Europa.
Después de recorrer reyes, guerras, estadios, artistas, músicos y movimientos sociales el viaje terminaba allí, en una casa. Y lo percibimos como parte de la magia de todo este trabajo. Que entre millones de metros de película puede aparecer cualquier cosa: una figura que reconocemos de los libros, una multitud anónima, una calle que ya no existe o el bar de un padre que alguien todavía recuerda.
La digitalización no nos devuelve el pasado, pero consigue algo parecido: nos devuelve sus imágenes. Y cuando esas imágenes vuelven a moverse, aunque sea durante unos segundos, aquel tiempo está de nuevo ahí.
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