El pasado viernes 19 de junio acogimos en Zigia28 la proyección de Canciller, el templo del rock, un documental dirigido por Vicente Martín Terán que recupera la historia de una de las salas más emblemáticas de la música en directo de nuestro país. Tras la proyección del documental tuvo lugar un coloquio con el director y con Sócrates, gerente del grupo Barrabás/Canciller, quienes compartieron con nosotros recuerdos, reflexiones y experiencias ligadas a una etapa fundamental de la historia del rock en España.
Durante la conversación, Vicente Martín Terán explicó que la idea del documental nació de una inquietud personal. Vecino del barrio durante años, recordaba perfectamente el edificio cerrado de la sala y el muro que acabó levantándose en su interior tras el cierre. Aquella imagen le llevó a preguntarse qué había ocurrido realmente con un lugar que seguía muy presente en la memoria colectiva de toda una generación. A partir de ahí comenzó una investigación que acabó convirtiéndose en la película que vimos en Zigia28.
El director explicó que quiso contar la historia desde el punto de vista de quienes vivieron Canciller: los músicos que actuaron allí, los trabajadores de la sala y, sobre todo, el público que la convirtió en un espacio de referencia. Más que una cronología de conciertos, el documental busca transmitir una experiencia emocional y explicar por qué Canciller sigue ocupando un lugar tan especial en el recuerdo de miles de aficionados al rock.
El coloquio permitió además profundizar en algunos de los temas que aparecen en la película. Muchos de los que allí estuvimos recordamos el papel que desempeñó la sala dentro de una escena musical que durante años se sintió al margen de los focos que concentraban otros fenómenos culturales madrileños. Surgió también la comparación con espacios como Rock-Ola y se debatió sobre la evolución del heavy metal durante los años ochenta y noventa, así como sobre la llegada de nuevos estilos musicales que transformaron el panorama del rock.
Uno de los aspectos más interesantes del coloquio fue la reflexión sobre las causas del declive de la sala. Los ponentes destacaron que el cierre de Canciller respondió a una combinación de factores: los cambios musicales de la época, la transformación de los hábitos del público y las dificultades que afectaron a muchos espacios de ocio y música en directo. Como señaló el propio director, la historia de Canciller es también la historia de una generación que fue cambiando con el paso del tiempo.
Las intervenciones del público enriquecieron especialmente el encuentro. Algunos asistentes recordaron sus experiencias personales en la sala, las largas noches de conciertos, la importancia que tuvo Barrabás durante los años noventa y la sensación de comunidad que se creó alrededor de aquel espacio. Otros compartieron recuerdos del barrio y de una época en la que el rock formaba parte de la identidad cultural de amplias capas de la juventud madrileña.
También hubo tiempo para hablar de algunos de los artistas vinculados a la historia de Canciller. El director recordó las dificultades para reunir determinados testimonios y confesó que le habría encantado contar con la participación de músicos internacionales como Bruce Dickinson o Fish, cantante de Marillion, cuyo concierto en Canciller en 1985 sigue conservando un lugar especial en su memoria. La conversación terminó derivando hacia una cuestión muy actual: la importancia de preservar espacios culturales que sirven como lugares de encuentro y construcción de comunidad. En ese sentido, varios asistentes establecieron paralelismos entre la historia de Canciller y los desafíos a los que siguen enfrentándose hoy salas, centros culturales y proyectos independientes.
Canciller, el templo del rock no es únicamente un documental sobre una sala legendaria. Es también un homenaje a quienes la hicieron posible y a una forma de vivir la música que marcó a toda una generación.
Al terminar el coloquio teníamos la impresión de que, más que hablar de un local desaparecido, habíamos estado hablando sobre una parte de nuestra vida. Y no dudamos de que es justo ahí donde se halla el verdadero interés del documental que vimos: en el hecho de recordar cómo algunos lugares terminan convirtiéndose en mucho más que cuatro paredes y un escenario.


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