El pasado jueves 30 de abril, Zigia28 acogió un coloquio centrado en una cuestión muy ambiciosa: entender el llamado “nuevo orden mundial”. Bajo la moderación del periodista y comunicador Jaime Rull, participaron dos voces destacadas del análisis político en España: Enric Juliana y Esteban Hernández, ambos periodistas, analistas y escritores. En el trasfondo del coloquio estuvo el libro que ambos nos presentaban, Viaje a un nuevo mundo, en el que analizan el fin de las certezas del orden surgido tras la Guerra Fría y los cambios en las formas de poder en el siglo XXI.
Antes de entrar en materia, el moderador quiso explorar la relación entre los ponentes. Juliana y Hernández explicaron que su amistad nació de una afinidad intelectual inmediata: tras un primer café, comenzaron a reunirse regularmente para desayunar una vez al mes. El tono distendido continuó cuando Rull los calificó de “boomers”, comentario que Juliana recibió con humor, fingiendo sentirse un poco ofendido.
Uno de los primeros puntos de consenso fue cuestionar la propia idea de “orden mundial”. Según Juliana, el concepto de orden es en sí mismo una convención. Recordó que, incluso en décadas que a menudo se perciben como estables —como los años 60 y 70—, el mundo estaba atravesado por conflictos violentos en la periferia: las guerras de Corea y Vietnam, las matanzas en Indonesia en 1965, el golpe de Estado en Guatemala o la inestabilidad en el Congo. Muchos de estos episodios, subrayaron, quedaron fuera del foco mediático occidental.
Frente a esa falta de información del pasado, los ponentes señalaron el problema del presente: la saturación informativa. Hoy, el exceso de datos genera ruido y dificulta el poder identificar lo verdaderamente relevante. Precisamente, explicaron, esa es la tarea central del libro que presentaban: filtrar el ruido y centrarse en lo importante.
Hernández apuntó que las formas de conflicto han evolucionado. Si antes predominaban las guerras convencionales, hoy asistimos a enfrentamientos de carácter económico, tecnológico y energético. En este sentido, evocaron una idea del Papa Francisco: vivimos en una “guerra mundial a trozos”, una serie de conflictos fragmentados pero interconectados.
La tecnología y la energía emergen como los grandes ejes de poder. Ya no son los tanques los que definen la fuerza de un país, sino los drones, los algoritmos y el control de los recursos tecnológicos.
Uno de los momentos clave del coloquio giró en torno a la inteligencia artificial. Juliana la definió como el verdadero punto de inflexión actual, capaz de transformar la economía a una velocidad sin precedentes. En este nuevo escenario, la mano de obra tradicional pierde protagonismo frente al algoritmo.
Hernández fue más tajante en su diagnóstico: el avance tecnológico plantea un escenario en el que el ser humano podría volverse prescindible en ciertos ámbitos. Ante la pregunta de si existirán mecanismos de control, se apuntó que más que “estabilizadores” habrá “verificadores”, figuras destinadas a supervisar sistemas automatizados.
Rull planteó entonces una cuestión inevitable: si queda espacio para la esperanza. Los ponentes coincidieron en que los avances tecnológicos han elevado el nivel de vida, pero también han generado una creciente percepción de fragilidad e incertidumbre. El miedo no proviene solo de los cambios, sino de la sensación de que estos pueden desbordar nuestra capacidad de control.
Sobre el riesgo nuclear, Hernández consideró que, aunque el temor persiste, no es una opción probable en el corto plazo. Potencias como China confían más en el dominio tecnológico que en la destrucción total. Sin embargo, también se mencionaron ideas emergentes —como la expansión hacia territorios extraterrestres— que fueron calificadas como especulativas e incluso engañosas.
El coloquio se abrió después a la participación del público. Un asistente que se identificó como protagonista de Mayo del 68 expresó su desconcierto ante la crítica actual a aquel periodo. Juliana defendió la importancia de revisitar ese momento histórico, que definió como un estallido de libertad convertido, con el tiempo, en un chivo expiatorio.
Otra pregunta abordó el impacto de la inteligencia artificial en el empleo. Hernández reconoció la dificultad de prever sus efectos, aunque admitió que la reducción laboral es una posible consecuencia, especialmente en contextos donde las reglas están claramente definidas.
Finalmente, se planteó la responsabilidad de figuras políticas como Donald Trump. En respuesta, Juliana estableció un paralelismo con Silvio Berlusconi, a quien consideró un antecedente en el uso del poder mediático y la construcción de liderazgos personalistas, surgidos en contextos de transformación económica y social.
El encuentro concluyó con una última pregunta de Rull: hasta qué punto el desarrollo tecnológico puede conducirnos a tiempos oscuros. Ambos ponentes coincidieron en que, si bien las capacidades actuales generan inquietud, también abren posibilidades positivas. El desenlace dependerá de cómo las sociedades afronten este momento de transición.
El coloquio no nos dejó respuestas cerradas, pero sí una idea: el mundo no se está ordenando, sino transformando a gran velocidad. En medio de esa incertidumbre, entender lo que está pasando —como plantea Viaje a un nuevo mundo— es casi una forma de no perderse.

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