Zigia28 acogió este jueves 4 la presentación de Días de inmortalidad, un cómic que se adentra en el Madrid heavy de los años ochenta y en la vida de los barrios de la periferia. La presencia de sus creadores, el dibujante Javier Urrea y el guionista Eliseo García, convirtió la cita en un espacio de conversación cercana, donde la memoria y la cultura popular encontraron un eco natural en el propio barrio.
Lejos de la imagen luminosa y glamurosa que tradicionalmente se ha transmitido de la Movida, Días de inmortalidad recupera una memoria mucho más áspera, hecha de asfalto, heavy, punk y resistencia, que también forma parte del imaginario de toda una generación.
Javier Urrea, natural de Campamento, y Eliseo García, vecino de nuestro barrio, compartieron con nosotros los orígenes del proyecto y su proceso de creación. Al descubrir que Javier Urrea era de Campamento, nuestro director, Javier, quiso rescatar los lazos históricos de Zigia28 con el barrio y, mostrando un ejemplar de Hija de la guerra civil, de Mila Gutiérrez, convirtió el momento en algo casi íntimo, como una conversación entre vecinos que comparten recuerdos y raíces comunes.
A lo largo de la presentación, los autores hicieron un recorrido visual por el proceso de creación del cómic, mostrando ilustraciones y comentando curiosidades sobre la sociedad de los años 80, vista a través de los ojos de un grupo de chavales. La música desempeñaba entonces un papel fundamental: predominaba el heavy, aunque también había incondicionales del rock y del punk. Recordaron que no era tan habitual ver chicas en estos entornos y que lugares míticos como la sala Canciller marcaron una época, hoy reconvertida, cosas de la vida, en un Lidl que muchos pisan sin conocer toda la historia que guarda. En salas como aquella, más de uno confesó haber practicado el famoso air guitar, ese arte de tocar la guitarra sin guitarra que hoy recordamos con una mezcla de cariño y un poco de vergüenza sana.
Los autores explicaron que sus primeras colaboraciones se remontan a los años 90, cuando crearon una ilustración titulada La piedra fundamental, con tres jóvenes sentados en un banco de parque, que fue el verdadero punto de partida de todo. Destacaron que el respeto, la admiración mutua y la capacidad de escuchar al otro, además de una amistad previa, han sido las claves para mantener viva su colaboración durante tantos años.
Durante la charla también compartieron su peculiar forma de trabajar. Javier dibuja sin conocer el argumento completo y trabaja directamente a partir de los diálogos que le entrega Eliseo, una fórmula pensada para no “condicionar” su creatividad. De Javier se destacó su nivel de detalle, claramente visible en las ilustraciones mostradas, donde se aprecia una evolución constante hacia un realismo cada vez mayor. Los autores señalaron que la creación de Días de inmortalidad comenzó durante la pandemia de COVID-19 y que ha sido un trabajo de cuatro años. A lo largo de ese tiempo, el dibujo ha ido evolucionando al mismo ritmo que los personajes.
Una de las tareas más complejas, apuntó Eliseo García, fue la documentación: conseguir fotografías fiables de la época no resultó fácil, ya que por entonces no era tan habitual registrar visualmente la vida cotidiana: no existía la rutina, hoy tan extendida, de fotografiarlo todo
Esa obsesión por ser fieles a la realidad se refleja en pequeños detalles que despiertan sonrisas cómplices: desde el concierto de Barricada en la sala Canciller con el mítico “500 pesetas con pelotazo”, hasta las entradas de conciertos y las inconfundibles bolsas de Sepu. También se recordó un polémico anuncio de jabón de la época, hoy impensable, que provocó una de las primeras grandes reacciones feministas.
Durante la fase de edición tuvieron que eliminar muchas marcas comerciales de las viñetas para evitar problemas, algo especialmente delicado en páginas donde aparecían temas como el alcohol o las drogas. La búsqueda de editorial fue, probablemente, la parte más complicada del proceso, hasta que, casi de forma novelesca, encontraron editor paseando por la Feria del Libro de Madrid.
En la recta final, se dieron cuenta de que faltaba un tema imprescindible en aquellos años: la mili. Se ajustaron algunos diálogos para incluir referencias a ese “viaje obligatorio”. Y cuando parecía que todo estaba listo, apareció una novela con un título muy parecido, lo que obligó a cambiar el nombre definitivo del cómic.
El turno de preguntas dejó algunos momentos simpáticos: los autores confirmaron que los personajes son ficticios, explicaron que las narices tan características están inspiradas en el estilo de Ibáñez y aclararon que la tumba del final simboliza algo tan simple como inevitable: que todos somos mortales.
Para cerrar, animaron al público a hacerse con el cómic —mientras ya trabajan en una segunda edición— y dejaron un mensaje que encaja perfectamente con el espíritu del barrio: lo importante, siempre, es trabajar en equipo.

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