

El pasado miércoles 22 de abril, a las cinco en punto de la tarde, asistimos en Zigia28 a la charla “Palestina, la dignidad silenciada: voces desde Gaza”, organizada por la Asociación de Amistad Hispano-Árabe, entidad dedicada a fomentar el entendimiento entre el mundo árabe y España, que combina actividades culturales con iniciativas de sensibilización y cooperación internacional, especialmente en contextos marcados por conflictos y crisis humanitarias.
Desde el inicio pudimos percibir un compromiso genuino, que fue capaz de impactarnos sobremanera y de empujarnos a una inevitable implicación.
El acto comenzó con la bienvenida de la asociación, cuyo director, Jose Ignacio Pérez, explicó brevemente su trabajo en países como Jordania, Egipto o Siria. Más allá de los datos, lo que nos llamó la atención fue el tono: no era una exposición fría, sino una invitación directa a implicarse. Raquel Martí, directora ejecutiva de la UNRWA, afirmó sin rodeos que vivimos un momento “terrible para la humanidad”, una frase que, aunque pueda parecer exagerada al oírla fuera de contexto, iba cobrando sentido a medida que avanzaba la charla. Comenzó de forma cercana, agradeciendo a Javier su colaboración e implicación y reconociendo que no conocía Zigia28, pero que le había impresionado muy favorablemente.
Martí nos fue situando en el contexto histórico del conflicto palestino, explicando cómo el estatus de refugiado se transmite de generación en generación, lo que perpetúa una realidad de precariedad casi heredada. Escuchar eso nos hizo reflexionar sobre lo fácil que es hablar de “conflictos lejanos” sin entender que hay personas que nacen ya sin derechos básicos garantizados. Describió los campos de refugiados como espacios marcados por el hacinamiento, la pobreza y la falta de oportunidades. Aunque señaló excepciones como Jordania, donde algunos refugiados obtienen ciudadanía, la norma general es la limitación de derechos. En ese punto, la charla dejó de ser solo informativa para volverse incómoda: era difícil no preguntarse hasta qué punto somos conscientes de estas situaciones o preferimos no mirar.
Uno de los aspectos más impactantes fue la explicación del bloqueo sobre Gaza: control por aire, mar y tierra, restricciones a la entrada de bienes esenciales y dominio sobre recursos como el agua o la electricidad. La sensación que transmitía era la de un control absoluto sobre la vida cotidiana. Martí también habló de las ofensivas periódicas y de la desproporción en la respuesta militar. Sin entrar en tecnicismos, lo que quedó claro es que las consecuencias recaen sobre la población civil. Quizá el momento más duro fue cuando describió la situación sanitaria: hospitales destruidos, falta de medicamentos, mutilaciones sin anestesia… Hubo un silencio bastante pesado en la sala, imposible no sentirse sobrecogido imaginándolo.
También mencionó episodios como el de la flotilla humanitaria y las restricciones incluso a materiales médicos, lo que reforzó la idea de un bloqueo extremo. A todo esto se suman enfermedades, hambre, frío y un impacto psicológico devastador.
Otro tema interesante fue el de la información: Martí advirtió sobre la influencia de campañas digitales y bots en la percepción del conflicto.
La charla no se limitó a Gaza; también abordó Cisjordania, donde describió controles constantes, limitaciones de movimiento e incursiones nocturnas. De nuevo, la idea que se repetía era la de una vida marcada por la inseguridad.
Al final, la Asociación de Amistad Hispano-Árabe ofreció bebidas a los asistentes, creando un espacio más distendido. Sin embargo, la sensación general no era ligera. Al menos en mi caso, salí con una mezcla de información, inquietud y la sensación de que escuchar este tipo de testimonios obliga, de alguna manera, a posicionarse. Más que una charla, fue probablemente una de las sesiones de Zígia28 que más nos ha removido.
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