
El jueves 16 de abril, Zigia28 se convirtió en una ventana abierta al tiempo. De la mano de David Miguel Sánchez Fernández, autor de Un paseo por la Ciudad Lineal, Cines de Madrid y Cines de barrio y Cristina Keller, presidenta de la Asociación Legado de Arturo Soria, los asistentes emprendimos un viaje que no solo recorría calles, sino también ideas, sueños y transformaciones.
Desde el inicio, la propuesta fue clara: recorrer la historia del barrio a través de imágenes. Algunas, en blanco y negro, nos hablaban de un pasado austero; otras, ya coloreadas, insinuaban el paso hacia una vida más compleja y vibrante. Así, la charla fue tejiendo un relato en el que historia, identidad y futuro se entrelazaban desde el proyecto original de la Ciudad Lineal.
Las primeras diapositivas nos situaron en un paisaje casi irreconocible: terrenos de secano, huertas dispersas, espacios aún sin domesticar. A partir de ahí, la narración avanzó hacia las labores de allanado y desmonte, mostrando cómo el territorio comenzaba a adaptarse a la idea urbanística. En este punto, las imágenes actuaban como puente, permitiéndonos entender el esfuerzo físico y técnico que precedió a la Ciudad Lineal que hoy conocemos.
A continuación, otra escena revelaba la llegada del agua: no potable, imprecisa, pero suficiente para regar. Seguidamente, aparecían los primeros signos de vida organizada: postes publicitarios, estrategias de promoción, el lema que condensaba toda una filosofía —“para cada familia una casa y para cada casa un huerto y un jardín”—.
El viaje continuó con un salto a 1898, donde una perspectiva aérea dejaba ver ya construcciones, parcelas y la reconocible carretera de Aragón extendiéndose hasta el Pinar de Chamartín. De este modo, el relato visual nos situaba en el momento en que la utopía comenzaba a materializarse.
La imagen de 1907 de la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción captó especialmente la atención del público. A partir de ahí, la secuencia avanzaba cronológicamente, llevándonos a los años del tranvía, que sin duda fue un elemento clave en la vertebración del barrio.
Las fotografías de cocheras, más tarde reconvertidas en imprenta y posteriormente en espacio de auxilio social, ilustraban cómo los edificios cambiaban de función al ritmo de la historia. Hoy, apenas quedan columnas, como si fueran vestigios silenciosos de lo que fue.
Más adelante, la crónica visual se detuvo en hoteles y villas que marcaron una época: Villa Ángeles, el Hotel Florido, Villa Louisiana o la residencia de personalidades como Hilarión González del Castillo. Estas imágenes enlazaban con una Ciudad Lineal más acomodada, donde la arquitectura reflejaba estatus y aspiraciones.
El recorrido incluyó también calles y nombres propios —Vizconde de los Asilos, José del Hierro—. Los ponentes nos contaron que muchos de ellos corresponden a los primeros accionistas que apoyaron el proyecto de Arturo Soria. Así que, de alguna forma, el callejero se revelaba como un archivo histórico en sí mismo.
Al avanzar hacia los años 30 y 50, las diapositivas fueron mostrándonos los nuevos edificios y comercios, como la tienda de ultramarinos La Esfera. Numerosas construcciones pasaron a convertirse en espacios de auxilio social, evidenciando los cambios sociales y políticos del país. Más adelante, la atención se centró en edificios aún conservados, como Villa Hispana, cuya reivindicación como posible museo refleja el interés por preservar la memoria del barrio.
Finalmente, el recorrido nos llevó hasta espacios actuales como el complejo universitario de la calle Josefa Valcárcel, como si se cerrara así un círculo temporal. El Hotel Rubín, antigua residencia de la familia de Arturo Soria, bien podría simbolizar ese tránsito entre lo que fue concebido como proyecto y lo que terminó siendo hogar.
La charla concluyó dejándonos una sensación clara: la Ciudad Lineal no es solo un lugar, podemos contemplarla como una idea en constante transformación. De las imágenes en blanco y negro a las de color, del campo a la ciudad, de la utopía al presente, el barrio sigue narrándose a sí mismo en cada calle, en cada edificio y en cada recuerdo compartido.
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