
El pasado miércoles 18 de marzo Zigia28 se convirtió en un lugar de encuentro con la memoria. La proyección de un documental dedicado a la batalla del Jarama —guiada por Francisco Pino— y la posterior presentación del libro Las Brigadas Internacionales mes a mes, del historiador Severiano Montero, reunieron a un público atento y, en muchos casos, profundamente familiarizado con los escenarios de aquel frente. Lo cierto es que nos sorprendió sobremanera el grado de conocimiento de los asistentes.
Carlos Domínguez, secretario de la AABI (Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales) fue el encargado de conducir el acto y de ir hilando las distintas intervenciones durante la charla.
La batalla del Jarama, librada en febrero de 1937 con el objetivo de cortar las comunicaciones entre Madrid y Valencia, constituye uno de los episodios más intensos y sangrientos de la Guerra Civil española. El documental proponía un recorrido por los paisajes donde se desarrollaron los combates, apoyándose en mapas que permitían seguir la evolución del frente mientras en pantalla aparecían las lomas, los caminos y los cursos de agua que todavía hoy conservan las huellas de aquellos días.
La narración avanzaba por los valles del Manzanares y del Jarama, deteniéndose en puntos estratégicos como el puente de Arganda o las alturas que dominaron el campo de batalla. Entre ellas, el Pingarrón emergía como símbolo de la dureza del enfrentamiento, una cota convertida en escenario de ataques, contraataques y resistencias que apenas modificaron la línea del frente, pero dejaron un rastro imborrable de pérdidas humanas. Las explicaciones combinaban la descripción de los movimientos militares con la evocación de las dificultades cotidianas de las unidades combatientes: el aislamiento, la escasez de alimentos o la incertidumbre ante un terreno hostil y muy cambiante.
Tras la proyección, el coloquio transformó el auditorio de Zigia28 en un espacio de intercambio de conocimientos y recuerdos.
Algunos asistentes aportaron datos sobre vestigios aún visibles en la zona, senderos que recorren antiguas posiciones o topónimos conservados por investigadores y caminantes. La conversación derivó en ocasiones hacia cuestiones prácticas —horarios de acceso, posibilidades de visita— y puso de manifiesto hasta qué punto estos paisajes siguen siendo objeto de exploración y estudio. En ese contexto se mencionó también una iniciativa de crowfounding que iba dirigida a conseguir fondos para la restauración de varios memoriales que salían en la película, aunque el pasado 22 de febrero de 2026 fueron completamente vandalizadas.
La sesión continuó con la intervención de Severiano Montero, quien presentó su libro como fruto de años de trabajo dedicado a seguir, mes a mes, la trayectoria de las Brigadas Internacionales durante la contienda. Su exposición subrayó la importancia de la investigación rigurosa y de la divulgación como herramientas para comprender un pasado todavía cercano.
Más que una simple actividad cultural, el acto se vivió como una experiencia compartida de aproximación a la historia. En Zigia28, la memoria del Jarama volvió a desplegarse sobre mapas y palabras, recordándonos que los paisajes del presente siguen entrelazándose con las huellas de la guerra.
Carlos Domínguez, secretario de la AABI (Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales) fue el encargado de conducir el acto y de ir hilando las distintas intervenciones durante la charla.
La batalla del Jarama, librada en febrero de 1937 con el objetivo de cortar las comunicaciones entre Madrid y Valencia, constituye uno de los episodios más intensos y sangrientos de la Guerra Civil española. El documental proponía un recorrido por los paisajes donde se desarrollaron los combates, apoyándose en mapas que permitían seguir la evolución del frente mientras en pantalla aparecían las lomas, los caminos y los cursos de agua que todavía hoy conservan las huellas de aquellos días.
La narración avanzaba por los valles del Manzanares y del Jarama, deteniéndose en puntos estratégicos como el puente de Arganda o las alturas que dominaron el campo de batalla. Entre ellas, el Pingarrón emergía como símbolo de la dureza del enfrentamiento, una cota convertida en escenario de ataques, contraataques y resistencias que apenas modificaron la línea del frente, pero dejaron un rastro imborrable de pérdidas humanas. Las explicaciones combinaban la descripción de los movimientos militares con la evocación de las dificultades cotidianas de las unidades combatientes: el aislamiento, la escasez de alimentos o la incertidumbre ante un terreno hostil y muy cambiante.
Tras la proyección, el coloquio transformó el auditorio de Zigia28 en un espacio de intercambio de conocimientos y recuerdos.
Algunos asistentes aportaron datos sobre vestigios aún visibles en la zona, senderos que recorren antiguas posiciones o topónimos conservados por investigadores y caminantes. La conversación derivó en ocasiones hacia cuestiones prácticas —horarios de acceso, posibilidades de visita— y puso de manifiesto hasta qué punto estos paisajes siguen siendo objeto de exploración y estudio. En ese contexto se mencionó también una iniciativa de crowfounding que iba dirigida a conseguir fondos para la restauración de varios memoriales que salían en la película, aunque el pasado 22 de febrero de 2026 fueron completamente vandalizadas.
La sesión continuó con la intervención de Severiano Montero, quien presentó su libro como fruto de años de trabajo dedicado a seguir, mes a mes, la trayectoria de las Brigadas Internacionales durante la contienda. Su exposición subrayó la importancia de la investigación rigurosa y de la divulgación como herramientas para comprender un pasado todavía cercano.
Más que una simple actividad cultural, el acto se vivió como una experiencia compartida de aproximación a la historia. En Zigia28, la memoria del Jarama volvió a desplegarse sobre mapas y palabras, recordándonos que los paisajes del presente siguen entrelazándose con las huellas de la guerra.
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