JORNADA CULTURAL PROMOVIDA POR LA ASOCIACIÓN ARGADINI EN COLABORACIÓN CON ZIGIA28 (15/01/2026). Por Isabel Camblor.

Este jueves 15 de enero tuvimos la ocasión de asistir a una jornada cultural organizada por la asociación Argadini, en la que pudimos presenciar cómo el arte se iba construyendo de forma colectiva y participativa con las propias personas de la asociación como protagonistas.
El acto se abrió con música: fue el piano de cola de Zigia28 quien marcó el inicio de este emotivo evento. La sala se fue quedando en silencio y la melodía —una canción de Antonio Vega— flotó en nuestro espacio con una deliciosa cercanía: la interpretaba Jorge Cabrero, uno de los integrantes de la asociación, y lo hacía con una sensibilidad que nos conmovió a todos. Y así, de una manera tan sugerente, los asistentes entendimos desde el primer momento que aquella no iba a ser una cita al uso. Sobre el escenario no hubo intermediarios ni discursos en tercera persona: estuvieron quienes forman parte de la asociación, todos ellos con algún grado de discapacidad, ocupando el centro con naturalidad. No venían a ser explicados ni representados por nadie; ellos mismos tenían muchas cosas que contar y así lo hicieron.
Uno de los momentos centrales llegó con la representación del microrrelato Esperando al autor, una pieza que dialogaba abiertamente con Esperando a Godot, de Samuel Beckett.
La interpretación estuvo llena de pequeños desajustes felices: confusiones, olvidos leves, miradas cómplices y gestos rápidos para ayudar al compañero o compañera que se había despistado. Lejos de romper la obra, esos momentos la hicieron aún más auténtica. Se improvisaba con naturalidad, apoyándose en la experiencia propia y, desde el público, lo percibíamos. Si hubiera que definirlo con una sola palabra, sería ternura, pero una ternura no experimentada desde la fragilidad sino desde la admiración y desde un enorme respeto.
Terminada la representación, algunos responsables de la asociación nos hablaron un poco de la obra: había comenzado el año anterior y habían estado trabajando mucho y con un gran entusiasmo en ella. La idea de la espera vertebraba todo el proceso: en esta historia se espera al autor que no llega, como claro paralelismo con Beckett, pero también como pregunta abierta, y esa fue la reflexión que nos hicieron llegar: ¿y si, al final, somos nosotros mismos quienes escribimos nuestra vida?
Subrayaron algo esencial: la importancia de mostrar al público lo que se ha trabajado durante meses, sí, pero sobre todo la de sentirse parte de un equipo. De un grupo donde cada persona cuenta y donde incluso la improvisación —nacida de vivencias personales— puede acabar formando parte de futuras representaciones.
La jornada continuó con la entrega de premios del concurso anual de relatos y poesía que promueve la asociación. Más allá del reconocimiento, se dio voz a los textos. En la mayoría de los casos, fueron los propios autores quienes leyeron sus obras; cuando no fue posible, esa voz la prestaron los miembros del jurado.
Todos los relatos estaban atravesados por una sensibilidad profunda, pero uno de ellos dejó la sala especialmente en silencio: el texto ganador del concurso de relato, una carta escrita por una persona autista, María Fernanda Velázquez, a su madre. En ella hablaba de cómo se siente, de cómo vive el mundo y, sobre todo, de cuánto la quiere. Un texto sencillo y desarmante. Como curiosidad, su autora, de nacionalidad mexicana, participó en el acto a través de videoconferencia.
El premio de poesía recayó en Carlos Triguero Martínez, quien compartió la experiencia de haber sufrido acoso escolar. Su poema contaba la vivencia sin estridencias y con una delicadeza conmovedora.
Entre lectura y lectura, el piano volvió a aparecer, marcando pequeños interludios. Jorge Cabrero interpretó versiones de Un beso y una flor, de Nino Bravo; Déjame, de Los Secretos; y Jueves, de La Oreja de Van Gogh, acompañando la tarde con una música reconocible, sin robar protagonismo a lo esencial.
El acto se cerró con las palabras de Rebeca Barrón, presidenta de la junta directiva de la asociación, dirigidas a todas las personas participantes: «Valéis mucho, sois importantes y tenéis muchas cosas que contar». Quizá esa frase resuma mejor que ninguna otra lo vivido durante la jornada: un evento profundamente humano, sincero y, sobre todo, merecedor de un profundo respeto.
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