La enorme sala principal se mostraba cálida y acogedora: bandejitas de distintos tamaños y alturas perfectamente dispuestas, una música suave y sugerente de fondo, y la misma inspiradora sensación de cercanía y confianza que siempre se logra en estas reuniones que Zigia28 celebra cada año por estas fechas.
Poco a poco comenzaron a llegar los asistentes. Y con ellos, los abrazos. Abrazos de esos que no se dan por compromiso, sino porque se trata del esperado encuentro con nuestros amigos de siempre, amigos con los que quizá desde el cóctel del año pasado no coincidíamos, caras conocidas que regresan, y lo cierto es que también rostros nuevos: no faltaron vecinos del barrio que se acercan cuando en Zigia 28 sucede algo estimulante, cuando el espacio se abre y llama.
Allí estaban hacedores de talleres, músicos, asistentes a cursos, organizadores de eventos y participantes habituales. Una pequeña multitud diversa que, sin embargo, compartía algo en común: haber pasado por Zigia28 y haber dejado —o recogido— algo en el camino.
Aprovechamos para ir colándonos un poco por aquí y por allá, preguntando sus impresiones a los asistentes, no solo sobre este encuentro tan especial, sino sobre lo que cada uno se llevaba de su paso por el espacio. Salieron recuerdos, anécdotas, agradecimientos, y también la agradable sensación de encontrarnos en un lugar que, más que un centro cultural, funciona como una familia.Y como en toda familia, no faltaron los que nunca, nunca van a faltar: los asiduos como Fernando, Virginia, Julio, Marta; los que forman parte de este espacio nuestro: Ana Rosa, Rafi, Aleix… y un largo etcétera de nombres que ya no se pronuncian como lista, sino como pertenencia. Personas que sostienen, participan, crean y acompañan, y que hacen que Zigia28 sea lo que es.
Fernando y Virginia nos aseguraron que para ellos este encuentro anual resulta entrañable y muy esperado, y aprovecharon para agradecer “el detallazo” de Zigia28 para organizar un cóctel navideño en el que tenemos la oportunidad de participar todos. Por su parte Manuel, batería de uno de nuestros grupos favoritos, Rock Estilo, quiso también reconocer todo el significado que Zigia28 tiene para él.
—Es como una segunda casa— señaló.
Y, para sorpresa nuestra, por allí teníamos también a Amelia, mánager profesional —es, por cierto, quien lleva a Rock Estilo —, que se apresuró a añadir que ella disfruta mucho del centro, pero no solo de eventos como este, sino de muchas de sus actividades.
—Yo no falto nunca a Thai Chi— refirió—, ni por supuesto me pierdo ni una de las sesiones de Bailoterapia con Loreto.
El cóctel fue pasando entre conversaciones cruzadas, risas, brindis y esa alegría serena que solo aparece cuando uno se siente en casa. Así, casi sin darnos cuenta, despedimos en Zigia28 este 2025 que se nos va: agradeciendo lo vivido y abriendo espacio a lo que vendrá. Porque si algo quedó claro esa tarde es que Zigia28 no es solo un lugar al que se va, sino un lugar al que se vuelve.

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